“Qué fácil es ser opositor ahora ” José “Pepe” Mujica, senador y líder del MPP
Dra. Ivette Almendras. Siquiatra
La inmediatez de las noticias en nuestro mundo globalizado nos enfrenta día a día con hechos de violencia y saña que nos sorprenden y golpean desde la impotencia, la indefensión y la falta de explicaciones.
Cada hecho en la vida requiere en nuestra mente de un acto comprensivo, una explicación que ponga orden al caos frente a lo inesperado, desconocido o amenazante.
Los acontecimientos vividos en los últimos días referidos a delitos vinculados con el abuso sexual en sus distintas manifestaciones descubiertos, aclarados y sancionados acorde a las normas y códigos que rigen nuestra sociedad, nos enfrentan hoy a respuestas de violencia desenfrenada desde el submundo de la reclusión.
Ensayar explicaciones a estos acontecimientos requiere sin duda profundos análisis que consideren la multicausalidad del mundo delictivo en general y en especial de la violencia, con su gama de manifestaciones en el área psíquica, física y sexual. Sin desconocer la complejidad de estos temas se hace necesario acercar algunos posibles caminos explicativos que intenten un hilo conductor para el caos, el dolor, la violencia, la muerte.
¿Cómo entender que frente a delitos referidos a la sexualidad, como el abuso o la violación, el comportamiento de quienes han cometido otros tan graves como el asesinato, desencadenen una sanción que por mano propia cobre nuevos niveles de violencia hasta llegar a nuevos asesinatos? ¿Cuál es el código que mueve a quienes están presos a “cobrar” tal peaje en un mundo en el que todos están pagando su precio por distintos delitos?
Es conocido que frente a los delitos de violación la respuesta es más de lo mismo. La violencia que entraña una violación o los delitos sexuales responden a movimientos profundos de la psiquis que arrasa con lo más íntimo de una persona, su integridad psíquica, física hasta su vida.
Las personas muchas veces pretenden exorcizar los males a los que temen con el mismo mecanismo que temen.
Hoy nuestra sociedad asombrada pretende explicaciones que ordenen la violencia que se nos devuelve desde las cárceles. La bestia que anida en lo más profundo del ser humano es más proclive a desatarse en entornos en los que ya existe la violencia en alguna de sus formas en lo cotidiano.
La cárcel es el último freno que la sociedad organizada pretende poner a los desvíos del ser humano. En ese contexto la explosión que sorprende no es más que la forma de mostrar que “el otro” tiene la bestia que no se quiere reconocer también como propia y capaz de salir a luz.
Ese repudio fatalmente cae en una réplica de lo que se quiere alejar de “sí”. Aunque simplista, el dicho popular de que la “violencia engendra violencia” se manifiesta en su más descarnada expresión. Frente a los delitos de este tipo que salen a luz hoy, generando inquietud, valdría la pena reflexionar cuantas otras víctimas silenciosas han existido y existen a nuestro lado, sin que nos provoquen este desconcierto. No debería extrañarnos la violencia referida a la sexualidad, ya que es parte de todas las formas de violencia que cotidianamente en distinta medida se ejercen en el hogar y por extensión en nuestra sociedad. Tal vez sorprenda esta visión, que no pretende minimizar la gravedad de lo ocurrido, por el contrario pretende movilizar y confrontar los pequeños actos cotidianos en los que se va destruyendo una persona y que nos conmocionan cuando la dosis de esa misma violencia surge con la fuerza y la potencia de un exorcismo que no logra su objetivo.
Claro, son boludeces de un boludo
diario La República, domingo 18 de mayo de 2008